El Ballestero (Albacete)

Historia de El Ballestero

Por Miguel Ángel Cabezuelo, licenciado en Humanidades


Toponímia

Multitud de controversias han discrepado sobre el nombre de El Ballestero. Las fuentes más certeras son las de Alfonso X el Sabio que afirman que desde en el intento de reconquista de Alfonso VIII de la villa de Alcaraz, los ejércitos ballesteros de su dependencia se asentaron en este lugar, aprovechando un gran manantial del actual Pozo Viejo, las encinas y la abundancia de caza, de ahí el topónimo final de El Ballestero.

Historia

El enclave en el que se encuentra El Ballestero se caracteriza por ser un terreno con pocos accidentes geográficos, por lo que ha sido lugar de asentamiento y de frecuente paso de culturas prerromanas. Esta civilización se manifiesta a través de restos arqueológicos en la necrópolis ibérica del Ojuelo y en el Villar de Pontezuelas, así en lugares más apartados como Villaverde, El Campillo y Villalgordo.

Las manifestaciones de la cultura romana se hacen patentes a través de la calzada que en su momento atravesó el municipio y que hoy se conserva un trozo de empedrado de 800 metros. Según documentos, el general cartaginés Aníbal pasó por estos lares para atravesar la península Ibérica a finales del S.III a. de Cristo. La vía fue la impulsora principal del desarrollo comercial de la zona por el continuo transito de diversas culturas y por la cercanía a la ciudad de Libisosa.

El devenir de la historia ha permitido rescatar también restos arqueológicos propios de la cultura visigótica que se manifiesta con la pila bautismal de la Ermita de Villagordo, ya en término municipal de Robledo. De la civilización musulmana no se conserva nada, sólo documentos de descripción de la zona por parte de Abd-Alrahman III impresionado por la vegetación que la habitaba.

Los sabinares y los abundantes pastos eran recursos de esta zona de los que se abastecía Alcaraz. Además de los ejercitos de ballesteros, también fue lugar de paso durante las guerras civiles de sucesión entre los partidarios de Juana la Beltraneja y el trono de Isabel de Castilla.

En el siglo XVI, este lugar ya era conocido por ser un sitio de paso, por tener intereses eclesiásticos, y por contar en su casco urbano un Mesón, bajo la denominación del Sol, propiedad de la iglesia, y en el cual pernoctaron numerosas gentes como pudo ser el caso de Alonso de Vandelvira, hijo de Andrés, y cuya presencia se hace significativa en la traza de la parroquial de San Lorenzo.

Ante las continuas invasiones y devastaciones de la localidad, a finales del S.XVII El Ballestero poseía una población cercana a los 300 habitantes, que se vio aumentada en gran número ya en el S.XVIII, gracias a sus suelos productivos y a sus campos amplios propios para el ganado. En este mismo siglo y por orden de Carlos II, adquirió autonomía propia. Ya en el S. XIX, en el proceso industrializador de España, en este municipio al igual que en toda la provincia de Albacete no tuvo mucho auge aunque mejoraron las condiciones de vida, disminuyó la mortalidad y con ello aumentó la población para comenzar el S.XX con 1.634 habitantes. Hacia el año 1950, la población entra en declive, acto incitado principalmente por el éxodo rural hacia las grandes ciudades industriales, sobre todo Valencia, Madrid o Castellón. En la actualidad, El Ballestero posee 442 habitantes (según datos INE 2015) y sigue en proceso de decrecimiento debido a que la emigración es mayor que el número de nacimientos. Los fines de semana, el pueblo recupera cierta vitalidad por el regreso de sus gentes al lugar de origen para estar con los suyos o para huir de los sonidos estridentes de la capital.

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